viernes 16 de abril de 2010

El Arte de Facilitar

Facilitar un taller es algo así como parir. Al principio estás, como el pintor, frente al contacto duro de la tela en blanco; las corazas y las máscaras, el desfile de personalidades. Todo indica que no te aproximes, que las alarmas están encendidas.

Y ahí estás, palpando la vida que se nota en los gestos, una sonrisa espontánea, algunas complicidades que se abren, y miradas de algunos, que en ciertos instantes se conmueven.

En ese momento parte la composición: primero, matamos la tela con pigmentos que cubren con una capa orgánica de contenido. Ese sedimento, sirve de base para que la interacción abra surcos, las primeras palabras son algo así como las primeras manchas allí lanzadas, mientras se escurren a su antojo con el agua, el diluyente.

Así es el arte del taller, un campo inexplorado de personas que se encuentran, pero aún no se tocan, sólo esbozan posibilidades. Allí está el arte de ser maestro ¿cuándo abrir el surco?, ¿por dónde dejar escurrir el agua?, ¿hasta dónde dejar? , ¿hasta dónde dirigir?.

El ojo, como el universo, abierto: mira, escucha, siente, se distancia, se acerca;

Allí están esas personas: esperando que algo las despierte o las haga resonar al son de sus propias notas, gamas infinitas de textura orgánica, listas allí para ser descubiertas, para ser tocadas misteriosamente.

Una buena clase, es algo así como un acto de encuentro entre notas que no se conocen, pero que en el acto de encontrarse se amalgaman: textura infinita de cualidades manifiestas; acto de alquimia, palabras, imágenes y movimientos, van despejando la Vía Abierta, al concierto de caminos que se entrecruzan.

Manifiesto del arte de ser. Pintura, gesto, escultura de la mirada, taller de creación y transformación. Educación, arte, psicología: ¿qué es esto sino posibilidad?
Allí está el arte de facilitar un taller. Acto de encuentro, ¿acto de desencuentro?, ¿dónde están los artistas que tejen la trama?, ¿dónde los maestros que conocen la sabia?

Sensibilidad exquisita, pulsión de vida, cuerpo presente, algo que decir. Algo grande en los pequeños gestos, los pequeños toques, está todo allí. Cada alma lo trae, sólo que faltaba el espacio: la Vía Abierta, un taller.

En estos días con una empresa, las notas que se tocaron y la composición resultante, me hicieron pensar que esto de capacitar es importante. No basta con un conocimiento, esto es apenas un tarro de pintura, lo que sirve es contar con “artistas”, verdaderos maestros en el arte de despertar.

Y es en el encuentro donde se da el cruce, es el contexto orgánico donde se teje. Es al interior de cada uno donde ocurre la fertilización de lo posible, siento que es el espíritu que atraviesa los contenidos “haciendo alma” a su paso.

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